
| Xalapa, Ver. | 28 Jun 2026 - 13:35hrs
Por Jennifer Rodríguez
Xalapa Ver., 28/06/26. El último concierto de la temporada uno de 2026 de la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) interpretó la Fantasía para piano y la Novena sinfonía de Ludwig van Beethoven, bajo la dirección titular de Martín Lebel. Miles de personas asistieron a la Sala Tlaqná para disfrutar del concierto.
Vivir esta experiencia trae consigo reflexiones respecto a la música y el sentimiento. Las experiencias estéticas se manifiestan de formas diferentes en todas las personas. Escuchamos la misma música y podemos sentir emociones distintas, pues no se trata de acústica, sino de nuestras diferentes formas de pensar y escuchar.
La Novena Sinfonía de Beethoven es una de las obras más esperadas, sobre todo por su segundo movimiento, así como el Adagio y el Himno a la alegría. Movimientos que no hace falta estudiar para emocionarse. Aunque la OSX, antes de que inicie el concierto, ofrece como cortesía un programa de mano, con información sobre las obras y los compositores, este no es un manual sobre lo que se debe sentir durante un concierto.
Lo que más saltaba a mi mente era saber qué sentían las demás personas al escuchar la música interpretada por una orquesta. Cuando de repente se levantó el coro, primero las voces solistas femeninas y después en conjunto cantando la Fantasía. Nació la curiosidad por saber qué era lo que estaban cantando. Se distinguía que era alemán. Entonces, volví a recordar que no hace falta comprender la música o siquiera entender el idioma en el que se canta para disfrutarla.
Mientras tanto, no pude evitar observar a Martín Lebel. Él sabe muy bien qué está sucediendo en el escenario, y al mismo tiempo, se nota que lo siente. Da saltos, se mueve de manera efusiva, incluso brusca; termina despeinado. También él siente la música.
Con este interés por saber qué sentían las demás personas, tuve la oportunidad de conversar con personas que asistieron a casi toda la temporada, a los 23 conciertos. Entre ellos, Miguel Ehrenzweig, quien considera un privilegio asistir y disfrutar de la gran orquesta de Xalapa; incluso exhorta a la gente a no perderse de estos conciertos. Para él y su esposa Isabel Ramos, la alegría es la emoción más fuerte que deja una de las obras más importantes y bellas de Beethoven.
Ella considera que el segundo movimiento es simplemente espectacular. Miguel recuerda con mucho énfasis los coros del Himno a la alegría, y afirma que este tipo de conciertos se trata de “puro feeling”, de todo aquello que llega al alma y hace vibrar; aunque documentarse sobre la historia del autor enriquece la experiencia, lo más importante es que las notas musicales te lleguen a tu alma.
Para Omar Baqueiro y su esposa Nelly Fuentes también asistieron a casi toda la temporada. Para Omar, el cierre fue “un cierre de oro”, uno de los más grandes conciertos que llenan la sala y del que la gente sale feliz. Beethoven, dice, es uno de los conciertos más taquilleros.
También conversé con una asistente que vivía una experiencia distinta. Irma Montero de 30 años, quien asistió por segunda ocasión a un concierto de la OSX, invitada por una amiga y motivada por la obra que se interpretaría esa noche.
La emoción que predominó en ella fue la sorpresa, por la manera en que la música iba llevando el ritmo de la melodía hasta llegar a un punto que describe como una explosión. Considera que Beethoven fue una buena elección para cerrar la temporada, porque la obra transita entre lo tranquilo y lo efusivo. Para disfrutar este tipo de conciertos, afirma, basta con sentir. Conocer todo lo que hay detrás puede enriquecer la experiencia, pero no es un requisito para disfrutarla.
La idea que terminó por repetirse esa noche fue que no hace falta ser crítico, experto o director de orquesta para disfrutar del concierto. Conocer la historia de una obra puede enriquecer la experiencia, pero el sentimiento no depende de ello. Como lenguaje universal, la música habla por sí misma. Escuchamos la misma música, pero no todos sentimos lo mismo.