
- /
| Xalapa, Ver. | 28 Jun 2026 - 02:37hrs
Xalapa Ver., 28/06/26. A través de su comunicado dominical, que signa el padre Juan Beristain de los Santos, la Arquidiócesis de Xalapa recuerda que “El que pierda su vida por mí, la encontrará" (Mateo 10, 39), con estas palabras del evangelista san Mateo se refleja la insistencia de Jesús de un amor incondicional de todo discípulo hacia Dios.
Estas palabras significan también no fabricarse un Dios a la propia medida o conveniencia.
Textualmente apunta: No se trata de buscar un Dios permisivo que legitime una fe del bienestar o una fe light. Ser cristiano no es buscar el Dios que me conviene y me dice sí a todo, sino encontrarme con el Dios que precisamente por ser amigo, despierta en mí la responsabilidad por la práctica de la justicia y solidaridad, y que, por lo mismo, quiere que sea constructor de paz en una sociedad mexicana y veracruzana donde no se ha erradicado la inseguridad, la violencia y la pobreza en todas sus expresiones.
Agrega que Jesús quiere que cada cristiano descubra el evangelio como fuente de vida y estímulo de crecimiento sano, para no vivir inmunizado frente al sufrimiento de tantas familias que sufren por sus seres queridos desaparecidos por la violencia. Jesús pide que cada cristiano descubra que el evangelio no es un tranquilizante para llevar una vida organizada al servicio de las propias fantasías de placer y bienestar. Jesús enseña a soportar los sufrimientos y consuela, inquieta y apoya, contradice y orienta hacia el bien común y la solidaridad social entre la ciudadanía, porque solo él es el camino, la verdad y la vida.
Apunta que la sociedad mexicana y veracruzana solo podrá superar los principales problemas sociales con la fuerza del Espíritu Santo y con la vivencia de una fe comprometida con Dios y con los más necesitados y vulnerables.
Así lo ha expresado el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas : "Los principios de la Doctrina social se encarnan en la vida eclesial en la medida en que estemos abiertos a la acción del Espíritu Santo.
De ese modo, la Iglesia es capaz de ofrecer a la sociedad un signo creíble: porque buscar juntos el bien de todos, en la corresponsabilidad y en la fraternidad, no es una utopía, sino una posibilidad real" (Número 89). Es tiempo de vivir con la fuerza de Dios en una sociedad necesitada de paz y de justicia.