Xalapa, Veracruz, México. 25 de Octubre de 2026
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El Conalep Veracruz, en el segundo piso de la cuarta transformación
Desde administraciones pasadas se ha venido designando en su Dirección General a personas sin vocación ni perfil especializado para fortalecer sus servicios en beneficio de la comunidad educativa.

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Redacción Referente | | 26 Mar 2026 - 08:18hrs

El Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica del Estado de Veracruz, mejor conocido como Conalep, con 15 planteles de norte a sur en diferentes municipios del estado y con oficinas centrales en la ciudad de Xalapa, como la gran mayoría de dependencias públicas en todo el gobierno, no pasó desapercibido para ser tomado como un botín político.


Desde administraciones pasadas se ha venido designando en su Dirección General a personas sin vocación ni perfil especializado para fortalecer sus servicios en beneficio de la comunidad educativa.


Por años, esta institución ha venido luchando contra el estigma de ser refugio de muchas personas con ciertas desadaptaciones sociales, colocándola en el pensamiento colectivo como una de las últimas alternativas educativas. A esta situación se le ha venido sumando la percepción de contar con personal directivo de cuestionable reputación e inadecuado desempeño, lo que ha aumentado su imagen negativa.


En la actual administración estatal las cosas no han cambiado para bien, todo lo contrario. Después del fugaz paso del primer titular, Ricardo Olivares Hernández, cuya destitución causó asombro por haber ocurrido a los pocos meses de haber sido nombrado sin haber tenido suficiente tiempo ni para acomodarse en su oficina, llegó Miguel Hernández Linares.


Este no pudo disfrutar con orgullo ni honor su nombramiento, pues a los pocos días de su nuevo encargo fue señalado por el empresario José Arturo Alfonso Paredes de haber sido víctima de una red de corrupción en la que Miguel sería uno de los principales operadores para obtener recursos económicos ilegalmente, aprovechándose de su cercanía con el subsecretario de Educación Media Superior y Superior, David Agustín Jiménez Rojas.


Pero este no ha sido un señalamiento aislado en su contra. El actual titular del Conalep cuenta con un largo historial de acusaciones que van desde nepotismo, uso de recursos públicos para beneficio personal, hasta acoso laboral. A este lamentable currículum habrá que aumentarle un nuevo capítulo, no solo en su vida profesional, sino también en la historia de la institución.


Está por demás decir que ha reclutado un ejército de personas afines sin conocimientos del sistema educativo que no generan ningún valor al Conalep. Prácticamente siempre ha sucedido así en cada cambio de gobierno, pero lo grave es que a pesar de esta condición, los anteriores solían llegar a ocuparse de “administrar” los recursos del Colegio y a cumplir con su cuota partidista del gobierno en turno, poniendo a realizar tareas proselitistas al personal de confianza, generalmente al nuevo, dejando hacer al personal de mayor antigüedad su trabajo académico para que “el barco se mantuviera a flote”.


Hoy sucede algo inédito. Esta persona aparte de “administrar” los recursos públicos, está obligando a los servidores de mayor experiencia y antigüedad a ser los primeros en salir a “talachear” los fines de semana en los famosos “tequios del bienestar”, para no estropear las labores de los nuevos que se ocupan de todo menos de la innovación educativa.


No está bien que tengan que pagar sus propios gastos para tareas no oficiales y sacrificar su tiempo en horario no laboral para cubrir el respectivo “cobro de piso institucional”, lo que se ha normalizado en los tiempos de la “cuatroté”.


A pesar de no tener otra alternativa más que aceptar estas condiciones para conservar su empleo, las víctimas lo hacen en desacuerdo; lo que ya no toleran, como en el caso de las oficinas de la Dirección General en Xalapa, es que además de llevarlos lejos como a Coatzacoalcos, es que también los pongan a trabajar para espacios que no les pertenecen, como lo hicieron recientemente en las oficinas de Hacienda del estado recién rehabilitadas en el puerto de Veracruz.


El personal administrativo que creyó que iba en apoyo solidario fue recibido y tratado como personal de mantenimiento, obligado a limpiar, cargar muebles y a pintar. El argumento de Miguel Hernández Linares fue: “aquí no hay descanso porque tenemos que estar a la altura de la gobernadora. Ese sometimiento personal y el trabajo involuntario al que obliga a la gente explicarían por qué se ha mantenido en funciones de alto nivel a pesar de su comportamiento indebido.


“¿Y eso qué tiene que ver con la educación?, se preguntan en el Conalep, ¿lo principal para cuándo?, la educación técnica puede esperar, eso no urge, hay otras prioridades para los gobiernos humanistas, pareciera ser la respuesta en los hechos.


La inquietud comienza a crecer porque saben que vienen tiempos electorales y que estas dinámicas pronto les van a tocar a todos. 

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