
| Papantla de Olarte Ver., | 10 Nov 2025 - 16:14hrs
Con información de Primera Planta Papantla
Poza Rica, Ver., 10/11/25. A un mes de que el Río Cazones se desbordara y arrasara grandes sectores de la ciudad de Poza Rica, familias enteras siguen viviendo la urgencia de recuperar lo perdido y rehacer sus vidas.
Cabe recordar que la madrugada del pasado viernes 10 de octubre fue devastadora para muchas colonias de Poza Rica.
Con lluvias torrenciales acumuladas, el río Cazones rompió sus límites y en apenas minutos transformó calles y viviendas en un mar de lodo y agua.
De acuerdo a distintos relatos recordados hoy por Primera Planta Papantla, el nivel del río alcanzó más de siete metros y dejó a miles de personas atrapadas en sus hogares.
“Veinte minutos fueron suficientes para que el agua cubriera la mitad de la planta baja de nuestro hogar en La Floresta… otra poco y no la libro”, relata Víctor Barragán, vecino de la zona baja.
Y agregan que para la mayoría no fue sólo una inundación, fue la pérdida de años de esfuerzo.
“Lo perdimos todo; el esfuerzo de toda una vida se nos esfumó en un momento”, lamentó Leopoldo Aguilar, uno de los más de veinte mil damnificados.
Por otro lado, la familia Barragán vio cómo su taller de torno, su negocio de antojitos y su vivienda quedaron inservibles: maquinaria oxidada, mercancía arruinada, documentos imposibles de rescatar.
Asimismo, una vecina de 82 años, rescatada de su azotea, comentó que apenas tuvo tiempo de agarrar a sus nietos y subir al techo; todo lo demás quedó bajo el agua.
Las autoridades estatales y federales activaron los protocolos de emergencia, habilitaron albergues y enviaron brigadas para limpieza y auxilio, sin embargo, a un mes de distancia, muchas familias aún no han regresado a sus hogares —o lo han hecho parcialmente— y los negocios siguen cerrados. La infraestructura presenta daños graves y la sensación de abandono se siente fuerte.
De igual forma, Víctor Barragán afirma que no hubo aviso eficaz para evacuar: “Si alguien hubiera dado la alerta a tiempo, muchas cosas se habrían salvado”.
La rutina de miles cambió para siempre: niños que ya no salen a jugar en la calle, locales comerciales cerrados, calles aún con lodo y olor a humedad persistente. Muchos evalúan migrar, buscar un negocio nuevo o cambiar de colonia.
“En mi negocio lo perdí todo… estoy viendo la manera de irme a donde la catástrofe no fue tan grande para vender, porque la estamos pasando muy cañón”, comparte Esmeralda, hija de Víctor.
El desbordamiento del río Cazones no sólo dejó destrucción: puso a prueba la capacidad de prevención, alerta y reconstrucción de la ciudad. Ya se habla de la necesidad de un muro de contención, mejoras en el sistema de alertas y mayor participación comunitaria.
Las familias afectadas saben que no basta con limpiar el lodo: la recuperación de sus vidas llevará meses, quizá años.
Hoy, un mes después, Poza Rica vive entre la memoria del desastre y la esperanza. Las ayudas avanzan, pero las carencias siguen visibles. Las historias personales hablan de dolor, de lucha y de resiliencia.
“Hubo un Poza Rica bonito antes —dice Víctor— y éste otro que pocos ven está devastado. Pero saldremos adelante, porque no hay de otra”.
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