
![]() | José Luis Pérez Cruz Crónicas del Poder |
05 Ene 2026
Crónicas del Poder
José Luis Pérez Cruz
- Convierte en “pasivos”, deuda a proveedores
- “No robar, no mentir, no traicionar…no endeudar”
- Improvisan alcaldes ante la falta de perfiles
La política local suele juzgarse por gestos y consignas, pero se padece por cifras.
Minatitlán hoy es un ejemplo de ello. Entre las múltiples herencias que dejó la exalcaldesa Carmen Medel, hay una que obliga a replantear el catecismo moral que durante años se repitió desde Palacio Nacional.
A los ya conocidos “no robar, no mentir, no traicionar”, en la práctica municipal habría que añadir uno más: no endeudar.
La imagen final fue casi folclórica. Carmen Medel dejó el Ayuntamiento cargando guitarras y un balero, como si la administración pública fuera un festival que se clausura con recuerdos y sonrisas.
Pero detrás de la estampa quedó un inventario menos visible y mucho más pesado: millones de pesos en adeudos a proveedores que durante su gestión sostuvieron con bienes y servicios el funcionamiento cotidiano del municipio.
Esa deuda no desapareció con la sesión solemne de despedida; simplemente se trasladó como un fardo al siguiente gobierno.
Sin rubor político, los pasivos fueron heredados al alcalde Guillermo Reyes Espronceda, quien ahora enfrenta el doble desafío de pagar cuentas atrasadas y, al mismo tiempo, hacer caminar un Ayuntamiento desgastado, con finanzas comprometidas y márgenes de maniobra reducidos.
Gobernar así es como intentar remar con un ancla atada al cuello: cada avance exige un esfuerzo desproporcionado.
El problema va más allá de un relevo administrativo.
Revela una cultura política que normaliza la irresponsabilidad financiera y la disfraza de continuidad institucional.
CONDICIONA EL PRESENTE Y SECUESTRA EL FUTURO
Endeudar sin respaldo, patear obligaciones y dejar la factura al siguiente no es sólo una falta administrativa; es una traición silenciosa a la ciudadanía, porque condiciona el presente y secuestra el futuro.
El impacto es directo. Proveedores golpeados, obras retrasadas, servicios limitados y una administración entrante obligada a priorizar el pago de deudas sobre nuevas inversiones.
A mediano plazo, el riesgo es claro: municipios atrapados en ciclos de insolvencia que dependen más del auxilio estatal o federal que de su propia capacidad de gestión.
El episodio de Minatitlán también deja una lección política incómoda. Cuando se abre espacio a perfiles sin pericia administrativa, el costo no lo paga el partido ni el funcionario saliente, sino la población.
Carmen Medel es sólo un caso visible de un fenómeno que se repitió en distintos puntos de Veracruz. Ediles ineptos que llegaron por padrinazgos no por capacidades.
Si no se corrige este patrón, el escenario futuro es predecible: Ayuntamientos convertidos en oficinas de cobranza del pasado, gobiernos entrantes maniatados y ciudadanos cada vez más escépticos.
La austeridad moral sin responsabilidad financiera es retórica vacía. Y en política, como en la contabilidad, las cuentas que no se pagan siempre regresan, con intereses.
De Carmencita hay muchas historias por escribir.
PRESISTE LA IMPROVISACIÓN
Corre el quinto día de los nuevos gobiernos municipales y se confirma una realidad incómoda: ganar una elección no equivale a saber gobernar.
A estas alturas, varios ayuntamientos aún no logran completar su organigrama básico, una señal temprana de desorden que anticipa problemas mayores en la gestión pública.
Las razones son diversas, pero convergen en un mismo punto: la fragilidad del liderazgo municipal.
Hay alcaldes rebasados por la complejidad administrativa, otros obligados a rehacer su lista de colaboradores tras imposiciones externas que nunca pasaron por su criterio, y no pocos que, ya con el cargo en la mano, descubrieron que simplemente no cuentan con los perfiles adecuados para ocupar áreas estratégicas.
La política los llevó al poder; la administración, hoy, los exhibe.
El contraste es evidente. Municipios como Veracruz o Boca del Río presentaron desde el primer día gabinetes completos y funcionales en las áreas clave.
En el sur del estado, en cambio, persiste la improvisación.
Se nombra a quien está “a la mano”, se reciclan lealtades sin evaluar capacidades y, en el peor de los casos, se permite que la grilla externa contamine decisiones que deberían responder al interés público.
LARGA CURVA DE APRENDIZAJE
Así, los perfiles técnicos quedan relegados por cuotas, compromisos o presiones políticas.
Esta etapa inicial es crucial. Un gobierno que arranca sin estructura es como un barco que zarpa sin tripulación definida: avanza a la deriva, vulnerable a cualquier tormenta.
La curva de aprendizaje será larga y accidentada, no sólo para los alcaldes que aún buscan entender el tamaño de su responsabilidad, sino también para la ciudadanía, que resentirá en los próximos días la lentitud para atender rezagos heredados por las administraciones salientes.
El impacto inmediato será operativo: trámites atorados, servicios públicos con respuesta tardía y decisiones aplazadas. A mediano plazo, el riesgo es mayor: gobiernos locales que desperdician los primeros meses —los más valiosos— corrigiendo errores básicos de organización.
Si no se corrige el rumbo pronto, estos ayuntamientos quedarán atrapados en una inercia de improvisación que, lejos de resolverse, se normaliza.
La conformación del gabinete no es un trámite menor; es la primera prueba real de gobierno. Y muchos, a cinco días de haber iniciado, ya la están reprobando.
joluperezcruz@hotmail.com



