
![]() | Gilberto Salazar Articulista invitado |
11 Feb 2025
Para revitalizar la representación política.
“Una reforma política no suple, no puede suplir, la configuración que una sociedad tenga en el ámbito político. Ayuda o puede ayudar a que se mejoren en aspectos políticos de la sociedad, pero no le da a ésta aquello de lo que carece”.
Jesús Reyes Heroles
Por fin llegó la hora de concluir la revisión de los componentes que integra nuestro sistema político y la forma en que se articula el sistema de partidos, en relación con el ejercicio de la representación política.
El pretexto: el anuncio de la Presidencia de la República, sobre la presentación de una iniciativa de reforma a la Constitución en materia político – electoral; la promesa de mi parte: compartir con ustedes algunas ideas para mejorar el ejercicio de la función representativa que les es encomendada a nuestros diputados.
Pues bien, en las últimas cuatro semanas revisamos aspectos como la desgastada imagen pública que tienen los diputados, en particular los plurinominales; la promesa de la autora de la iniciativa de limitar la concentración de poder en las cúpulas de los partidos para definir la nómina de candidaturas, mediante su eliminación del sistema político.
Constatamos la falacia relativa a la improductividad de quienes integran la Cámara de Diputados, pues a partir de la revisión de la numeralia parlamentaria entre diversas legislaturas, pudimos advertir que, contrario a la creencia general, los diputados plurinominales, suelen ser más productivos que sus pares que son electos por voto directo.
También describimos la forma en que se deciden las candidaturas de mayoría (voto directo), así como la forma en que se integran las listas de representación proporcional; y descubrimos que derivado de las reglas vigentes, en el primer caso, la carrera política de un parlamentario depende enteramente de la decisión de la alta dirección de los partidos políticos, lo que genera el fenómeno de la disciplina partidista.
En el caso de los plurinominales, establecimos que la integración de la lista de representación proporcional es definida mediante un intercambio entre grupos de poder fáctico y la cúpula de los partidos, que se manifiesta a través de la transacción: escaños seguros a cambio de votación cautiva.
Descubrimos que cuando se articuló un sistema de partidos pluripartidista, altamente competitivo (1997 a 2018), los partidos políticos perdieron la posibilidad de garantizar a sus candidatos el triunfo; lo que generó un efecto virtuoso: los diputados en funciones tornaron la mirada a su electores, y se preocuparon por representar sus causas, con lo que se revitalizó el ejercicio de la representación política, el federalismo, y, más importante aún, la división de poderes resultó funcional por primera vez en la historia política de nuestro país.
Pero no todo fue virtud. En ese mismo periodo, se manifestaron dos nuevos fenómenos: la micro legislación y el uso de la Constitución y la Ley como propaganda política.
La micro legislación, no es otra cosa que una simulación de productividad, y consiste en la práctica de presentar un gran número de piezas parlamentarias completamente irrelevantes, como aquellas que proponen ajustar el uso del lenguaje, o la homologación de un nombre o designación de determinada institución jurídica en el texto de una ley; o bien, la vieja confiable: proponer la inscripción de alguna leyenda o nombre con letras de oro en el recinto legislativo.
El uso propagandístico de la Constitución y la Ley, consiste en la práctica de algunas minorías legislativas de proponer auténticos disparates, que, no obstante, resultan muy atractivos al electorado.
Finalmente, fuimos conscientes de que, los diputados no se encuentran sujetos a un mandato imperativo, por lo que no se encuentran de ninguna manera a actuar necesariamente en un sentido determinado; si no que el ejercicio de su representación es más bien genérico: en representación del interés general, por tanto, difuso.
Sin embargo, los incentivos que resultan del diseño institucional establecido en la ley, han determinado que en el ejercicio de su función, los diputados de mayoría se comporten como soldados de su partido; y los plurinominales como personeros de quienes los patrocinan; generalmente, en perjuicio de los intereses de la ciudadanía, a la que deberían representar.
¿Cómo podemos revertir esa disposición?
Todo se trata de incentivos, y los incentivos para encauzar una conducta o nueva realidad, se integran en la ley.
Por ejemplo, en 1964, se incentivó la participación de las expresiones políticas minoritarias, permitiendo su inclusión en la Cámara de Diputados mediante la figura de los diputados de partido, con la finalidad de permitir la expresión de sus demandas por canales institucionales, y de esa manera, encauzar los movimientos sociales de la época.
En 1977, se incentivó la institucionalización de la participación política de las personas a través de los partidos políticos, mediante el reconocimiento de éstos como entidades de interés público, a las que se les encomendó la función exclusiva de postular candidaturas, para lo cual se estableció un régimen de prerrogativas para la consecución de sus fines. Asimismo, se incentivó la participación de las expresiones políticas, minoritarias, mediante la adición de 100 escaños electos por el principio de representación proporcional.
En 1986 se buscó desincentivar el avance de las expresiones políticas minoritarias, mediante la reforma al sistema político, pues si bien se incrementó el número de escaños en la Cámara de Diputados, con lo que creció la posibilidad de los partidos minoritarios para obtener un mayor número de curules; como en el Big Brother, las reglas cambiaron, y a partir de entonces, el partido mayoritario, participó en la asignación de diputaciones plurinominales, antes reservadas en exclusiva para los partidos minoritarios.
Asimismo, se incluyó la regla conocida como cláusula de gobernabilidad, que aseguraba al partido que obtenía el mayor número de votos en la elección de diputados, contara en todo caso, con la mayoría de votos en la integración final de la Cámara de Diputados, mediante la asignación de tantas diputaciones plurinominales, como fueran necesarias.
Entonces, es claro que una reforma al sistema político, no es otra cosa que un ejercicio de ingeniería política o electoral, para modificar ciertas variables en busca de un objetivo determinado. Para ello, se suben y se bajan palancas, se abren y cierran puertas; se establecen incentivos, o bien, se retiran.
De tal manera, las preguntas que se deben de hacer para plantear o bien, para analizar una iniciativa de esta naturaleza deben ser: ¿Qué fin u objetivo se persigue?, ¿Qué problema resuelve?, ¿En realidad es un problema?, y quizá más importante: ¿De dónde proviene la iniciativa?
La respuesta a la última cuestión, despeja las anteriores y permite advertir los detalles.
Pues bien, sin mayor preámbulo, a continuación, comparto algunas ideas para revitalizar el ejercicio de la representación política, el pluralismo político y la división de poderes.
La anterior parece más una manifestación de buenos deseos que una posibilidad real para una reingeniería político - electoral que revitalice el ejercicio de la representación política, el pluralismo y haga funcional la división de poderes, pero, ¡se vale soñar!
Como alguna vez me dijo una buena amiga: ¡Gil, hay que soñar… después de todo, es para lo que nos alcanza!
Gilberto Salazar