Xalapa, Veracruz, México. 24 de Octubre de 2026
INICIO     ACONTECER     CULTURAL     ESTATAL     INTERNACIONAL     LEGISLATIVO     MUNICIPAL     NACIONAL     PARTIDOS POLíTICOS     SALUD     COLUMNAS
Odisear/ 20
Carlos Duahye
Muelle 1

21 Nov 2024

Odisear/ 20

 

Mauricio Carrera

No faltaban las malas lenguas.


-Farisea –la llamaban.


-Cómplice de los machismos contra los que luchamos –la atacaron.


-Pirujona y saltimbanqui. ¡Qué pena! ¡Qué horror! –le rehuyeron con asco.


-Para tubo, el mío, cuando quieras –le hicieron propuestas hombres machos, vulgares y homosexuales reprimidos.


A Penélope no le importó. Ansiaba que llegara la tarde para ir de nuevo al “Ítaca Pole Dance Club”.


-Buenos días, Pole family –las saludaba Yadira, la guapa instructora. Era de Tabasco, había sido teibolera en el Olimpia’s de la Zona Rosa –donde usaba peluca rubia para parecer rusa-, pero había encontrado a “Dios” tras de ser invitada por una amiga al templo de “Pare de sufrir”. Ahí encontró a Sócrates, su actual esposo, quien vendía material de construcción en Chalco.


Yadira tenía un cuerpo de diosa y hacía maravillas en el tubo, piruetas que bien le hubieran envidiado los ángeles en el cielo o las acróbatas del Cirque du soleil.


La Pole family, además de Penélope, la constituían Circe, una jovencita gordibuena que estudiaba en un Conalep; Calipso, una encopetada señora con fama de fifí que usaba pura ropa de marca; Elena con Hache, una gordita simpática y chaparrita que se sentía divina en mallas; Hécuba, quien ya era abuela y le valía sombrilla el qué dirán; y un hombre, Menelao, a quien de cariño le decían Mene, tenía un cuerpazo súper bien formado, le gustaba usar tacones altos y le iba al América.


Todas y todos sudaban la gota gorda al momento de las clases. Yadira les alentaba con actitud de sargento y de mamá gallina. Cada quien daba lo mejor para la práctica prejuiciosa del tubo. Cada quien tenía su motivación, desde perder peso hasta agradar a sus peor es nada.


Penélope, ni se diga. Le gustaba el lance de espaldas, un giro donde quedaba enrollada con suavidad en el tubo; cuando logró hacer una escalada hasta lo más alto fue como si hubiera conquistado sin sherpas y sin oxígeno el Everest; y cuando hizo el back shoulder sintió lo que una actriz ante los fotógrafos en la alfombra roja.


Por eso, cuando alguien la atacaba:


-Pécora teibolera, el infierno te espera, masturbadora de tubos…


Ella no hacía caso. Se sentía bella, viva, atractiva, fuerte, empoderada.